miércoles, 15 de julio de 2015

Movilnet, la señal que sabotea y desune

Este eslogan no es más que publicidad engañosa ¿no creen?

Tengo casi una semana tratando de adquirir una tarjeta SIM Movilnet (empecé a buscarla el jueves 9 de julio y hoy ya es 15). Ya yo poseo una línea y quiero habilitarla con esa tarjeta SIM nueva que necesito activar. He ido a muchos agentes Autorizados Movilnet ubicados en las ciudades de Caracas, Barquisimeto y Acarigua pero en todos la respuesta es que “no hay sistema”. Obviamente, les pregunto que por qué no hay sistema a lo que me responden “son problemas de la plataforma” y hasta allí llega la nutrida información que los empleados dan a los usuarios. Paso seguido, continúan metidos en sus computadoras jugando Carta Blanca, buscaminas o echándo cuento entre sí.

El panorama de los Agentes Autorizados y de la mayor compañía de telefonía móvil del país luce patético. Ningún Agente Autorizado posee equipos, no tienen nada para vender excepto carcasas y nimiedades vinculadas a la telefonía celular. Usted se mete en cualquiera de esas tiendas y lo que verá será un peladero de chivos, vitrinas vacías, estantes distantes y desolados, la decoración más minimalista que cualquier comercio pudiese lucir. Peor aún, en sus inventarios sí disponen de tarjetas SIM pero al querer adquirir una, la tarea es imposible de cumplir porque no hay sistema.

Lo que más indigna es la indolencia de una gerencia inepta carente de cualquier sentimiento de afecto por el Pueblo que requiere de sus servicios. No hay avisos ni notificaciones que indiquen lo que se puede o no se puede hacer, no se ven habladores que digan “En este momento no tenemos sistema, vuelva cuando caiga Nicolás Maduro”. Lo que sí ponen es un papel ridículo que dice que Movilnet no efectúa ventas condicionadas ¡obvio! ¿con qué van a condicionar una venta si no tienen productos?

Así se destruye lentamente a la revolución. Mantienen abiertos cientos o miles de Agentes Autorizados en todo el país, pagando una mil millonada en salarios a empleados que no emplean en nada. Tiendas que desangran el erario público de la nación día a día, plataforma que no funciona, cadenas de distribución que no distribuyen nada porque no hay productos, servicio pésimo, etc. Infrestructura ineficiente, que no aporta nada al proceso de cambio que vivimos. Peor aún, CANTV y Movilnet tienen cuentas de atención al usuario por Twitter pero no responden. Ignoran al ciudadano cuando se hacen preguntas clave sobre irregularidades.

Seguiré esperando a que algún día habiliten el sistema y pueda adquirir una tarjeta SIM. También esperaré a que el Ministro Manuel Fernández siga el ejemplo de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro, abriendo una cuenta en twitter para tener vía de comunicación directa con el Pueblo. Lo más curioso es que él es Ministro de Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología. Se confirma aquello de “en casa de herrero, cuchillo de palo” ¿no creen?

ACTUALIZACIÓN al 16-07-2015

Pude comprar ayer, al final de la tarde, la tarjeta SIM. Hoy en la mañana compro tarjetas para hacer la recarga correspondiente y al intentar hacer la operación el sistema a través del teléfono me dice "Estimado cliente, los servicios de recarga no están disponibles en este momento. Por favor, active esta tarjeta a partir de mañana". Por lo visto en Movilnet están trabajando arduamente para generar malestar en los usuarios que se ven afectados por un servicio ineficiente, donde la irresponsabilidad e indolencia imponen su ley.

lunes, 13 de julio de 2015

¿Somos amenaza para Guyana?

La población de Guyana no llega al millón de habitantes

El costo de postergación siempre pasa factura y eso lo vemos ahora con nuestra justa reclamación del territorio de la Guayana esequiba, arrebatado de nuestra patria vilmente por el imperio británico en el siglo XIX. Siempre se le dió largas al asunto, postergando su resolución, y justo ahora en medio del mayor asedio que haya experimentado el proceso revolucionario y la institucionalidad del Gobierno Bolivariano revienta el problema con tono de “conflicto internacional”, a conveniencia de una trasnacional petrolera y de los intereses hegemónicos de EE.UU.

A nivel de la política todo está conectado, el escenario es dinámico y las jugadas en el tablero de ajedrez se hacen pensando en repercusiones futuras. Cuando Obama emitió el decreto donde nos señala como amenaza, fue apenas la punta del iceberg porque era necesario crear las condiciones objetivas “tangibles” que respaldaran tal exabrupto. Tarde o temprano era necesario demostrar que somos una amenaza, cristalizar esta idea en la mente de la opinión pública internacional lleva tiempo, pero tácticamente los medios de comunicación, junto a las reacciones y ataques de los gobiernos de derecha van aportando su grano de arena, por decir lo menos.

Venezuela es proyectada como el Estado forajido que quiere arrebatar por la fuerza parte de su territorio a Guyana. La realidad es lo opuesto, pero la antítesis mediática se revela en cualquier periódico, canal de tv, emisora de radio, Internet, etc. Siendo nuestro país un dínamo libertario promotor de esperanza, de la independencia, de la identidad latinoamericana y caribeña, de la solidaridad y cooperación internacional, de ayudas humanitarias, del respeto al derecho internacional, de la integración de los pueblos del Sur, defensor en todos los ámbitos del respeto a la autodeterminación y soberanía, pues bien, hoy se intenta voltear esa realidad para que nos vean como los malos de la película, la amenaza en el continente.

Tácticamente, creo es un error de la derecha internacional haber iniciado este movimiento porque sólo propician un mayor sentimiento de unidad a nivel interno de Venezuela. Todos apoyamos al Presidente Maduro en la justa reclamación del territorio robado y eso incrementa los niveles de respaldo hacia el Gobierno Bolivariano. La derecha mueve todas sus piezas y tensa la cuerda, el escenario es cambiante. Hoy supuestamente somos una amenaza para Guyana, quizá mañana lo seamos para Colombia ¿no creen?

jueves, 9 de julio de 2015

Inteligencia de Mercado y Guerra Económica

¿Dónde están las cifras?

Una de las mayores y más evidentes debilidades del Gobierno Bolivariano a la hora de enfrentar la Guerra Económica es la ausencia casi total de Inteligencia de Mercado que le permita conocer a cabalidad el teatro de operaciones, identificar a los enemigos, determinar flancos débiles y puntos de ataque. La institucionalidad se mueve con los ojos vendados y las decisiones, evidentemente, ayudan más a la burguesía que a la patria. Desde el punto de vista discursivo y mediático, se enfatiza que sufrimos un ataque en nuestra dinámica comercial desde todos los centros de poder económicos y financieros, nacionales e internacionales. Pero son generalidades que no se traducen en acciones de contraataque.

Se decide, no se sabe qué lumbrera lo ideó, que ya no se sacará la cifra del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) a la luz pública porque eso favorece a la derecha. Dar a conocer el índice inflacionario mensual es algo contrarrevolucionario, supongo. Pero los economistas y especialistas del área que se posicionan como asesores del gobierno, responden a la reforma y sus “soluciones” sólo perpetúan los males que sufrimos. Más aún, carecen de la agudeza necesaria para actuar adecuadamente en un escenario de guerra económica.

Fíjense en esto, ¿por qué nunca sabemos las cifras vinculadas a la realidad comercial del país? ¿Por qué no se publica, por ejemplo, el Índice de Bachaqueo a nivel nacional? ¿Por qué no hay números concretos que proyecten el Porcentaje de Sobrefacturación promedio mensual en Importaciones recibidas en los puertos de La Guaira o Puerto Cabello? ¿Cuál es el Promedio Especulativo del sector automotor en Venezuela? ¿Cuáles son los niveles históricos de productividad de grandes empresas como la POLAR? ¿Por qué no sabemos los apellidos de los dueños y la segmentación del mercado venezolano en el sector de transportistas y distribuidores? ¿Cuáles son los centros de producción y venta, por ejemplo, de cemento en el país, cuánto producen, a cómo venden y a quién le venden? ¿Cuáles son las bandas de precios de un café grande en las panaderías de Venezuela? ¿Por qué no se genera un Índice de acaparamiento por sector alimentos, en la Gran Caracas por ejemplo? ¿Por qué no hay cifras del número de containers con chatarra que aún llegan a los puertos? ¿Cuál es la proyección estadística del aumento promedio porcentual en los colegios privados del país? ¿Cuál es el nivel de avance contra la Guerra Económica, qué cifras lo constatan, cuáles son los indicadores de gestión? ¿Cuál es el promedio de desabastecimiento inducido en grandes centros urbanos de la región centro-occidental, por ejemplo?

Éstas preguntas generadoras, y muchísimas otras más, cuestionan y buscan generar cifras que respalden estadísticamente los fenómenos de la guerra Económica. Como este levantamiento de información no se lleva a cabo, como estos indicadores vanguardistas no son articulados metodológicamente, pues tenemos el desastre económico que vivimos.

Nos atacan sin piedad y la institucionalidad luce perdida y desorientada. No existe planificación ni optimización en la manera de enfrentar el conflicto. No se sabe qué hacer y el pueblo sufre, cada día más, la embestida de la burguesía parasitaria. A esto hay que sumarle, quienes en puestos de dirección sacan provecho particular en río revuelto. La estructura podrida de la economía nacional sigue intacta, desangrando a la patria y destruyendo a la revolución.

viernes, 3 de julio de 2015

PV Justo, ¿Bomba de tiempo?

Insólito, para nada "justo"

Cuando se toman decisiones gubernamentales hay que entender que las mismas estarán inmersas en un contexto social, económico y político complejo donde surgirán reacciones de todo tipo, a favor, neutrales o en contra de dichas medidas. Inclusive, a nivel de planificación estratégica situacional, siempre se privilegia el proyectar distintos escenarios probables en función de la táctica inmediata que se está considerando aplicar.

Partiendo de la idea de que los gobiernos son elegidos para gobernar, para ejercer el poder en función del beneficio de los gobernados, es contraproducente la toma de decisiones que repercutan negativamente en el colectivo nacional y, peor aún, cuando las mismas se devuelven como un búmeran y golpean la integridad de la autoridad que pretende establecer el orden.

La exigencia del marcaje del Precio de Venta Justo, estipulado en la legislación nacional como requerimiento a todos aquellos productores, importadores y comercializadores, es una medida errónea que favorece sobremanera los intereses de la burguesía por varias razones, a saber:

1.- Se le atribuye una virtud de equidad a una cifra determinada por el empresario y en la que no ha intervenido para nada el Estado venezolano en defensa del consumidor. Existe legislación que “norma” la manera de determinar el precio justo, pero siempre será potestad del capitalista decidir el monto a marcar en el producto apelando a artificios contables y económicos en beneficio propio.

2.- La Justicia, como pilar de la vida republicana, debe ser una condición determinada única y exclusivamente por el Estado venezolano y no por el interés mercantil del burgués dueño de un medio de producción.

3.- La justicia en el monto que usted o yo debamos pagar por un producto no se decreta. Es un término muy subjetivo, una abstracción que cambia en función del poder adquisitivo de cada quien. Si usted tiene en su bolsillo sólo 50 bolívares y no dispone de más dinero para comer, estoy casi 100% seguro que no entenderá lo “justo” al ver una carta donde el almuerzo más sencillo cuesta PVJ Bs.300

4.- El Gobierno Bolivariano no cuenta con el músculo institucional suficiente para pretender monitorear o supervisar el establecimiento del PVJ siquiera del 5% de todos los productos que circulan en las cadenas de suministro a nivel nacional. De hecho, lo que vemos a menudo en la calle es que los productos pueden marcar lo que sea hoy y el próximo lote tiene precio nuevo, suben a merced de la usura de la burguesía.

5.- El Gobierno Bolivariano no dispone de mecanismos o metodología efectiva para hacer valer la legislación por él establecida. Adicionalmente, presenta un déficit notable a nivel gerencial, cognoscitivo, de planificación e inteligencia de mercado que pueda dar la pelea ante una burguesía parasitaria que controla a merced la mayor parte de la dinámica comercial en nuestro país. No tiene capacidad de reacción.

6.- Puestos clave de la administración pública, en las principales esferas de toma de decisiones, son ocupados por personal carente de sinergia entre ideología y técnica. Funcionarios que no comulgan con términos como “Guerra Económica” o “burguesía parasitaria”, no comprenden la circunstancia política ni el momento histórico que vivimos. Por consiguiente, sus gestiones son grises y carecen del ímpetu y agudeza revolucionaria que amerita el difícil momento que atravesamos.

Quizá, quien ideó aquello del PVJusto tuvo inicialmente una muy buena intención. Pero a nivel de gestión de gobierno las buenas intenciones se transforman en reveses cuando no se toman en cuenta sus repercusiones a corto, mediano o largo plazo. Coloquialmente podemos aplicarle aquello de “quisiste hacer una gracia, y te salió una morisqueta”.

Lo que siempre escucho en los comercios, cuando alguien toma algún producto para revisar la etiqueta o ve un hablador con un precio astronómico, es la conclusión “este gobierno no sirve para nada! Ahora se supone que este exabrupto es un precio justo ¿no?” y con molestia el ciudadano, como usted o como yo, continúa intentando hacer las compras.

Hoy la etiqueta PVJ, enuncia una condición que no es tal, siendo el mejor aliado de la burguesía parasitaria contra la moral del gobierno revolucionario y el pueblo que lo respalda. El precio establecido por el burgués, con la cualidad de “justo”, puede ser astronómico y el cliente o usuario siempre asumirá que fue decidido, de alguna forma, por las autoridades competentes en la materia, por el Presidente Maduro, por la revolución. Una pequeña fracción de papel con adhesivo se transforma en un panfleto de propaganda que transmite frustración y rabia a cada ciudadano que ve su dinero evaporarse en la vorágine especulativa del día a día.

La solución a esta medida equivocada no puede ser otra sino eliminar el marcaje del Precio de Venta Justo y volver a figuras tradicionales como el Precio de Venta al Público (PVP) o el Precio Máximo de Venta al Público (PMVP). También se puede considerar el Precio de Venta Regulado (PVR) o cualquier otro que pueda cumplir con su cometido. En todo caso, la medida tal cual como se aplica hoy, sólo es justa para el empresario burgués y no para el pueblo de Venezuela.

Acá pueden ver los precios que hay en la calle.